El Patrimonio Cultural y la Era Digital

M Concepción Rodríguez Pérez

Resumen


Si bien es cierto que los centros históricos han sufrido una gran transformación a partir de los años 60, no lo es menos que continúa existiendo un distanciamiento entre el patrimonio cultural de las ciudades y la población que las habita. El ámbito que rodea a lo patrimonial parece envuelto en un halo “intelectual” totalmente alejado del ciudadano de a pie que con frecuencia no es capaz de sentirse partícipe de su riqueza patrimonial. Por otro lado, la relación que existe actualmente con los centros históricos está llevando a los mismos a su deterioro, motivado por las oleadas de turistas que, además, aceleran el fenómeno de gentrificación y empujan a los habitantes de los mismos a otras zonas de la ciudad.  ¿Cómo podemos revertir todo esto, acercar el patrimonio a la ciudadanía y sensibilizar sobre la importancia del cuidado de nuestros cascos históricos?   

Para la elaboración de este estudio se ha consultado bibliografía relacionada con conceptos como el patrimonio cultural, la divulgación, los avances tecnológicos, la sociología, la antropología y la arquitectura. Otra herramienta utilizada para el desarrollo de este artículo ha sido internet, las revistas especializadas online, artículos relacionados y trabajos universitarios que comparten temáticas de estudio.  

Los datos utilizados son los resultados de los estudios mencionados en el apartado de metodología.

Los avances vinculados a las distintas revoluciones industriales que se vienen dando desde el S.XIX han propiciado un cambio que va mucho más allá de los sistemas de producción o la materialidad en sí. Hoy en día en campos como el arte o la arquitectura se explora cada vez más la interacción de la obra con el individuo. En la arquitectura concretamente se están multiplicando las prácticas como el cohousing, las cooperativas o el urbanismo inclusivo, que utiliza plataformas ciudadanas como Consul para generar un acercamiento entre ciudadanía y arquitectura. La revolución digital, el auge del código abierto o los avances tecnológicos son algunos de los conceptos claves para entender este fenómeno. Pero, ¿cómo está afectando todo esto al patrimonio?  Por otra parte, como expresa perfectamente la crítica e historiadora francesa Françoise Choay en su Alegoría del patrimonio, el cambio producido a mitad del siglo pasado que transformó por completo el concepto de patrimonio cultural está íntimamente relacionado con la forma de entender el espacio. Siguiendo con ese razonamiento cabe preguntarse cómo ha variado el término espacio y a qué hace referencia ahora mismo, ¿sigue teniendo vigencia la definición dada en la década de los 60? ¿Seguimos concibiendo los espacios como lo hacíamos antes? La aparición y el rápido desarrollo de la realidad aumentada, la realidad virtual y la realidad mixta está dando un vuelco total a la forma que tenemos de vivir y entender los espacios. Juegos en apariencia inocentes como Pokémon Go o aplicaciones como Geocaching están haciendo que nos relacionemos con las ciudades y la arquitectura de una forma totalmente nueva, abriendo el camino a innumerables posibilidades y oportunidades. 

Las nuevas tecnologías han afectado enormemente a la forma que tenemos de entender la arquitectura hoy en día. Como usuarios, nos sentimos mucho más cercanos a las transformaciones que se dan en nuestras ciudades, hemos cambiado totalmente la manera de relacionarnos con los espacios y existen nuevas conexiones no físicas que nos vinculan con otros usuarios y que nos permiten tener más peso a la hora de tomar parte en los cambios que se producen en nuestro entorno. Dentro del campo de la arquitectura estas transformaciones se dan más lentamente en el patrimonio, aunque existen iniciativas muy interesantes que se están esforzando en acercar las tecnologías a los centros históricos. Las hemos analizado basándonos en tres características que creemos fundamentales para llegar a una solución óptima del problema al que nos enfrentamos. Estas son: la posibilidad de generar una experiencia que vincule al usuario con el patrimonio, su capacidad de crear comunidad y las características de las relaciones entre los miembros y, por último, la habilidad de adaptar su contenido al público general.

Apostar por la divulgación del patrimonio utilizando un lenguaje más cercano, el empleo de técnicas novedosas y actuales basadas tanto en nuevas metodologías (tipo el m-learning) como en las herramientas digitales y potenciar la participación ciudadana son actuaciones clave para enfrentarnos a las problemáticas propias de nuestros cascos históricos. La llave para salvar nuestros centros históricos la tiene la gente, necesitamos democratizar el patrimonio. Sólo al sentirnos parte de algo seremos capaces de involucrarnos de lleno en su cuidado y preservación.


Palabras clave


Patrimonio cultural; tecnología; experiencia del usuario; espacio



DOI: http://dx.doi.org/10.5821/ctv.8673

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